Cuando el Orgullo borra a las personas: el cartel de Madrid 2026 y lo que nos dice de nosotrxs

Cuando el Orgullo borra a las personas: el cartel de Madrid 2026 y lo que nos dice de nosotros

Este año, el Ayuntamiento de Madrid ha elegido sillas de terraza, balcones con flores y botes de caramelos para anunciar el Orgullo 2026. Bajo el lema “Orgullosamente de Madrid”, generado con inteligencia artificial, sin personas del colectivo, sin las siglas LGTBIQ+, sin una sola referencia a la memoria o la reivindicación política que dio origen al 28J.

Organizaciones como COGAM han denunciado que los carteles están “completamente desconectados del origen y los motivos por los que se celebra” el Orgullo, que es una reivindicación por los derechos de un colectivo. Infobae

Tengo una opinión sobre esto. Y no es solo política. Es terapéutica.

Lo que se borra cuando se borran las personas

Arcópoli ha acusado al Ayuntamiento de ejecutar un “borrado sistemático de las personas” que “insulta a la memoria LGTBI+” y “desvirtúa por completo el sentido del Orgullo”. elDiario.es

Pero quiero ir más allá de la crítica política, que ya está siendo hecha por quienes tienen más autoridad que yo en ese terreno. Lo que me interesa como terapeuta es lo que este tipo de decisiones produce en las personas del colectivo. Especialmente en las más vulnerables.

Cuando una institución pública decide representar el Orgullo con objetos en lugar de personas, está enviando un mensaje muy concreto: vuestra existencia es incómoda. Vuestra visibilidad, negociable. Vuestra historia, prescindible.

Ese mensaje no cae en el vacío. Cae sobre personas que llevan toda la vida recibiendo versiones de ese mismo mensaje. En sus familias, en sus colegios, en sus trabajos. Y que, aunque parezca una cosa pequeña, un cartel, lo integran como una confirmación más de que hay algo en ellos que el mundo prefiere no ver.

Eso tiene un nombre en psicología: microagresión. Y su impacto acumulado es real y documentado.

El pinkwashing y la salud mental

La crítica conecta con una polémica que se repite cada año desde la llegada del PP al Ayuntamiento: la negativa a colgar la bandera arcoíris en Cibeles, las campañas institucionales descafeinadas y la sensación de que el Gobierno municipal tolera el Orgullo como evento masivo, pero evita asumirlo como reivindicación política. El Constitucional

Esto tiene nombre también: pinkwashing. El uso de la estética LGTBIQ+ — los colores del arcoíris, la fiesta, la imagen de modernidad — sin el contenido político ni el compromiso real con los derechos del colectivo. Es aprovecharse de la visibilidad sin asumir la responsabilidad.

Y el pinkwashing daña. No de forma dramática y evidente, sino de esa manera sutil y acumulativa que es la más difícil de nombrar. Porque te deja con la sensación de que te celebran sin verte. De que eres bienvenido como consumidor y como turista, pero no del todo como ciudadano con derechos que aún no están garantizados.

Esa sensación — ser visto a medias, aceptado con condiciones — es exactamente la que muchos hombres gays traen a consulta cuando hablamos de sus vínculos, de su homofobia interiorizada, de por qué les cuesta tanto sentirse suficientes. No es casualidad. El contexto social forma parte de la psicología individual.

Lo que el Orgullo debería poder darte

El Orgullo nació en Stonewall en 1969 como un acto de resistencia de personas trans, racializadas y marginadas que dijeron basta. No nació como un festival de turismo urbano. No nació como una oportunidad de marketing para ningún ayuntamiento.

Nació porque había personas que necesitaban verse. Reconocerse. Saber que no estaban solos.

Esa función sigue siendo necesaria. Quizás más que nunca, en un contexto político donde desde 2019, el Palacio de Cibeles no luce la bandera arcoíris durante las celebraciones del Orgullo, y donde los discursos que patologizan y criminalizan al colectivo están ganando espacio en las instituciones. Ismorbo

Para muchas personas del colectivo, el Orgullo es el único momento del año en que el mundo parece organizado en torno a su existencia en lugar de a pesar de ella. Quitarle contenido reivindicativo no es un gesto neutro. Es retirar un espacio de reparación emocional que para algunas personas no tiene sustituto.

Mi posición como terapeuta

No suelo hablar de política en este blog. Prefiero hablar de lo que ocurre dentro de las personas. Pero a veces lo que ocurre dentro de las personas no se puede entender sin mirar lo que ocurre fuera.

El estrés de minoría — el impacto acumulado de vivir en un entorno que te discrimina, te invisibiliza o te tolera a medias — es uno de los factores que más peso tiene en la salud mental del colectivo LGTBIQ+, según la Asociación Americana de Psicología. Y ese estrés no se genera solo en los grandes actos de discriminación. Se genera también en los pequeños gestos institucionales que dicen, una y otra vez, que tu existencia es negociable.

Un cartel no es solo un cartel. Es un símbolo. Y los símbolos tienen peso psicológico.

Dicho esto: el Orgullo sigue siendo tuyo. Con o sin el cartel del Ayuntamiento. Con o sin la bandera en Cibeles. Lo que empezó en Stonewall no lo para ninguna campaña de marketing municipal.

Si este Orgullo te está removiendo cosas — rabia, tristeza, esa sensación de no terminar de encajar — tiene sentido que así sea. Y si quieres un espacio donde explorar todo eso, puedes reservar una primera sesión gratuita. También puede ayudarte leer sobre por qué el Orgullo puede generar emociones contradictorias y sobre el apego ansioso en hombres gays como raíz de muchas de las heridas que este mes pone en primer plano.

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