Nunu, un Niño del Agua muy particular
Érase una vez, una familia que vivía en una isla en medio del agua, donde una madre tuvo a un niño muy particular, ya que estaba formado por agua. Normalmente todos estamos formados por agua, pero es que Nunu, como le llamaron sus padres, era pura agua en sí mismo. Sus padres, lo amaban con locura, y precisamente porque lo querían tanto, temían por el bienestar de Nunu y su forma acuosa: Temían que el mundo viera su forma y lo pisotearían, haciendo de él agua sucia. Su madre especialmente le decía que el mundo era un lugar peligroso, y lo llevaba por casa metido en un bol de frutas de un lado para otro, buen resguardadito y la temperatura adecuada, no fuera a ser que se congelase o evaporase. Su madre siempre le decía: “Nunu, el mundo es muy peligroso, tienes que ser fogoso como tu padre, que tan ardiente nadie le tose”.
Nunu creció en su familia, cuidado y sobreprotegido y sin darse cuenta, empezó a sentirse incapaz de gestionarse en el mundo exterior. De tanto andar metido en un bol, Nunu nunca desarrolló una columna vertebral, así que mantenerse de pie era toda una proeza, y acababa con el cuello siempre apoyado en lo primero que encontraba, y soportado por cualquier superficie, porque no se podía mantener por sí mismo. Además, ese miedo de que el mundo era peligroso, unido a esta situación de que no se podía mantener por sí mismo, le hacían darse cuenta que todavía era más diferente de los demás… y claro, si descubrían que era acuoso, o de repente la gente lo pisaba, o se evaporaba… ¡los peligros eran infinitos!
Nunu, que era muy creativo, ideó algunas artimañas para que nadie le pudiera hacer daño: Usando el poder del agua se hacía transparente, o se encogía y se hacía pequeñito y así nadie reparaba en él… y cuando había gente delante, aguantaba de pie y lo que le dijesen, para luego llegar a casa a espachurrarse de nuevo… Pero a Nunu le gustaba que le vieran, era capaz de hacer mil trucos y tenía muchas ideas, así que lo de pasar desapercibido no le gustaba demasiado.
Así que con los años encontró otra forma de compartir con los demás y poder exponerse más y seguir estando a salvo… y poder mantenerse en pie. Así que usando el poder del agua, empezó a usarse como un espejo de los demás, reflejando en sí mismo los sueños, deseos y ansias de los demás. Se volvió buenísimo copiando, y tomaba los impulsos de los demás como suyos propios, y la fuerza de cada uno para sí. Era un espejo viviente, y que replicaba trozos de la columna vertebral de los seres que lo rodeaban, jirones de sueños de unos, ansias y deseos de otros… Creó un auténtico teatro a su alrededor.
Iluminado por su buena estrella, su tesón y trabajo, Nunu cumplía con lo que se proponía siempre de la mejor manera, pero de alguna forma nunca lo llenaba del todo, y cuando lo conseguía, ese sueño, ese trozo de columna desaparecía de nuevo y se volvía a quedar vacío, volviéndose a licuar en su forma original. Volviendo a la posición horizontal de la que tanto le costaba salir.
A pesar de su buena estrella, y todo lo que de fuera parecía conseguir, Nunu no se sentía feliz. Su vida era un Frankestein de otras personas, y él cuando veía en su interior, veía ese amasijo de piezas que no tenían sentido del todo aunque desde fuera se viera a un auténtico triunfador. Nunu sufría, y cuando llegaba a casa se desprendía de todas sus piezas copiadas y se licuaba en su tristeza.
Nunu seguía teniendo miedo al mundo exterior, incluso para encontrar a una persona con la que compartir su vida, le daba vergüenza que descubrieran que realmente era una especie de babosa que se arrastraba por el suelo, o un amasijo de piezas sinsentido y tenía miedo de que lo rechazaran. Así que aunque le apetecía compartir su vida (y poder apoyarse en la columna de otro), acababa jugando con las personas, mimetizándose un rato con ellas, para luego volverse un charco de agua y desaparecer. Lo hacía con amigos, futuras parejas… nadie debía verle en ese estado, así que se esforzaba por mantener las apariencias para mantener a la gente… y alejarse cuando se sintiese amenazado cuando nadie mirase.
Nunu sabía que quería encontrar su camino, su sitio. Nunu sabía que en el fondo era como los demás, y quería y tenía derecho a vivir y disfrutar de la vida como los demás, así que intentaba hacer planes con las miles de ideas que tenía, con los sueños que creía tener e intentaba emprender.. pero llevaba tanto tiempo copiando, que le costaba encontrar su propia fuerza interior para ponerse de pie y seguir su camino… se acababa cuestionando si esas ideas eran realmente suyas, y al final acababa tropezando y cayendo de nuevo al suelo, dejándose aplastar por la fuerza de la gravedad.
Nunu se castigaba continuamente, porque sabía seguir usando su poder del espejo no era el camino… pero era lo que había hecho por tanto tiempo… y armar su propio camino… le parecía tan complicado…
Un día, Nunu, frustrado y agotado de su situación que se repetía constantemente decidió confiar en sus propias ideas, en su propia creatividad. Si cuando la usaba para otros siempre funcionaba, porqué no iba a tener una buena idea para él. Así que parando en seco y simplemente escuchando los engranajes de su imaginación cuchichear en cada giro… y de repente lo tenía. Tan fácil que le pareció hasta absurdo.
Nunu había desarrollado otro poder en los últimos años, que era el de solificar partes suyas para poner barreras y límites, permitiendo encontrar el respeto de los demás de una forma que era suya. Con ese poder de solidificación… quizás se podía construir una columna vertebral con partes suyas. Llevaba tanto tiempo fluyendo y adaptándose para encajar, que había perdido el respeto por sí mismo, así que era el momento de solidificar una parte de sí y mojarse, comprometerse consigo mismo.
Así que Nunu congeló parte de su esencia en una columna rígida. Como no estaba acostumbrado a andar todo el rato rígido por su propio peso, requería tiempo, así que decidió ir dándose tregua, sin prisa pero sin pausa, sin dar un paso atrás y sabiendo que tenía la fuerza para hacerlo. Con disciplina, con rectitud y con calma. Con una columna rígida ahora pesaba un poco más, era menos ligero y voluble y eso requería hacer ajustes en su forma de moverse por la vida. Aunque fuera más lento, los pasos eran más seguros y en la dirección en la que quería. Era como reaprender a vivir, respirar, moverse… por primera vez, para sí mismo.
En muy poco tiempo, Nunu encontró la forma en que esa columna, que aunque no estuvo siempre ahí, fuese efectivamente una nueva parte de sí mismo. Dejó de lamentarse del pasado, y empezó a responsabilizarse del presente, para así, poder construir el futuro que él realmente quería.
FIN… o el principio del viaje.


