El niño transparente

Hace unos años me contaron la historia del niño transparente. Y es que fuese cierto o no, hace mucho tiempo nació un niño transparente: un niño sin color, sin gracia y que pasaba desapercibido con facilidad. A veces a sus padres les costaba verlo, y por miedo a perderlo, le ponían un cascabel para asegurar que no se perdiese. 

Su miedo era tan grande a que fuese a desaparecer sin más que constantemente lo tenían vigilado, cuidado y protegido, no fuese que el niño fuese a desaparecer y no lo fueran a encontrar jamás. Le contaban que el mundo era un lugar peligroso y voraz, y que donde estaría a salvo siempre sería en casa junto a los suyos. Se pasaba el día dibujando e imaginando una vida de amor y plenitud.

El niño creció, y quería que lo viesen y estar con otros niños. Veía a su hermano, al que todo el mundo admiraba y veía, y quiso ser como él. Así que decidió coger su caja de colores y empezar a pintarse a sí mismo con los colores que él veía en su hermano. Esto tuvo efecto, y la gente empezó a verle y a disfrutar de su presencia. Pronto se volvió adicto a ello y empezó a dibujarse todavía más perfilado, más guapo, más atractivo… pero tan pronto el efecto se acababa, volvía a ser transparente y la gente dejaba de verlo, lo que aprovechaba para esconderse de nuevo en sus aposentos. 

El niño transparente

Vivía con una máscara diseñada por él, pero que no era permanente, y con el miedo a ser descubierto, a vivir de nuevo escondido entre las alabanzas hacia a otros y escondido en su propia invisibilidad. Hay veces, que le gustaba ser invisible, pero lo repudiaba muy rápido queriendo de nuevo que lo viesen y lo admirasen. De hecho, cuando había alguien más apuesto, más interesante que él, cogía de nuevo su caja de colores y se esmeraba todavía más. Era un proceso agotador e interminable.

Un día, a medio pintar, se miró al espejo. Allí vio partes de sí cubiertas de pintura, como si fuera una caricatura a medio hacer, y la otra vacía, invisible también al espejo. La gente le preguntaba que porqué si era tan maravilloso no encontraba una persona que estar a su lado. “Si supieran”, se decía… “al final solo era un fraude” y vivía con el miedo de que descubrieran lo raro que era y eso hiciera que lo echasen de todos lados. En cualquier caso, también se sentía poco auténtico, poco real a veces, y con tanto cambio.. a veces sentía que ni él mismo sabía quién era al final.

Así que un día, decidió escapar. Fuera de la vista de los demás, lejos de su propia caja de pinturas en busca de su propio camino. Transparente, nadie lo veía, incluso lo pisaban en alguna ocasión. Él se quejaba y la gente se apartaba, asustada, a veces sentía que simplemente estando, la gente respetaba su lugar, como si pudieran ver un atisbo de él al fin y al cabo. Eso le pareció curioso. 

ser transparente

Llegó hasta una colina donde había un sabio meditando. Este sabio, abrió los ojos y le dio la bienvenida. El joven, algo confundido, le preguntó: ¿Cómo puedes verme?. El sabio le contestó: “Puedo ver tu alma, que es de un color precioso”. El joven se conmovió, y continuó su camino. En ese camino  empezó a reconocerse a sí mismo, en lo que era, en lo que le gustaba, en lo que quería ser… Su corazón se iba encendiendo y se sentía cada vez más vivo, y decidió que ese día emprendería su camino de vuelta, encontrase con lo que se encontrase.

Llegó a un estanque a beber agua, y no pudo estar más sorprendido, de ver que el estanque le devolvía su reflejo, semitransparente, con un brillo de un color precioso. Especial, único, y al mismo tiempo, medio invisible. Se dio cuenta que no tenía que gritar para que le vieran, y que simplemente en la calma de su corazón, era la mejor forma de encontrarse, sin necesidad de los ojos de los demás para buscar halagos.

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