Chemsex y soledad: lo que hay detrás del sexo con sustancias
El chemsex no empieza con las sustancias. Empieza mucho antes — en una soledad que no se sabe nombrar, en una necesidad de conexión que no encuentra otro canal, en un cuerpo que busca sentir algo cuando por dentro hay demasiado silencio.
Hablar de chemsex solo desde la adicción o desde el riesgo sanitario es quedarse en la superficie. Sin embargo, lo que hay debajo — la soledad, el deseo de intimidad, el miedo a la vulnerabilidad — es lo que realmente necesita atención.

¿Qué es el chemsex?
El chemsex es el uso de sustancias psicoactivas — habitualmente metanfetamina, mefedrona o GHB — en contextos sexuales, principalmente entre hombres que tienen sexo con hombres. De hecho, es un fenómeno especialmente prevalente en la comunidad gay urbana.
Las sustancias desinhibidoras permiten vivir experiencias sexuales que de otra manera se sienten imposibles — más intensas, más largas, más conectadas. Sin embargo, también crean una dependencia que va más allá de lo físico: la dependencia de esa versión de uno mismo que solo aparece bajo los efectos.
Por qué el chemsex es también una respuesta a la soledad
No todo hombre gay que practica chemsex lo hace desde la adicción o el vacío. Sin embargo, en consulta es muy frecuente encontrar que detrás del chemsex hay una soledad profunda que no se ha podido nombrar de otra manera.
Algunas de las razones más comunes son:
- La dificultad para la intimidad real: las sustancias bajan las defensas y permiten una cercanía que en sobriedad genera demasiado miedo.
- La desconexión del cuerpo: muchos hombres gays tienen una relación difícil con su cuerpo y con el deseo. Por eso, las sustancias actúan como un puente hacia una sexualidad que de otra forma se siente bloqueada.
- El miedo al rechazo: en el chemsex, las normas habituales se suspenden. Eso reduce temporalmente el miedo a no ser suficiente o a ser juzgado.
- La búsqueda de pertenencia: los espacios de chemsex pueden generar una sensación de comunidad y de conexión que en otros contextos es difícil de encontrar.
Además, la soledad en hombres gay tiene una dimensión específica que hace que el chemsex sea especialmente atractivo como escape — porque ofrece, aunque sea temporalmente, todo lo que falta: contacto, intensidad, pertenencia.
El ciclo del chemsex y la soledad
Hay un ciclo que se repite con mucha frecuencia. La persona empieza a practicar chemsex desde la curiosidad o desde la búsqueda de conexión. Sin embargo, con el tiempo las sesiones se alargan, la recuperación se hace más difícil y la brecha entre la intensidad de la experiencia bajo los efectos y la vida cotidiana se ensancha.
Esa brecha genera más soledad. Y más soledad genera más necesidad de volver al chemsex. Es un ciclo que se retroalimenta y que puede ser muy difícil de romper sin apoyo.
Además, el chemsex puede intensificar otras heridas — el apego ansioso, el sentirse insuficiente, las creencias limitantes en el amor — porque expone a la persona a dinámicas de relación muy intensas y muy poco seguras emocionalmente.

Lo que el chemsex intenta resolver
Desde la terapia, una de las primeras preguntas que exploramos es: ¿qué necesidad está intentando cubrir el chemsex?
No para juzgar la respuesta. Sino porque entender la función que cumple es el primer paso para encontrar otras formas de cubrirla.
Algunas respuestas frecuentes son:
- Sentir que pertenezco a algo.
- Poder ser sexual sin vergüenza.
- Sentir contacto real con otro cuerpo.
- Desconectarme de todo lo que pesa.
- Sentirme deseado y presente al mismo tiempo.
Todas esas necesidades son legítimas. El problema no es la necesidad — es el canal que se ha encontrado para cubrirla.
Cómo se trabaja el chemsex en terapia
El abordaje terapéutico del chemsex desde la terapia afirmativa LGTBIQ+ no se centra únicamente en la abstinencia. De hecho, el foco principal está en comprender el contexto emocional en el que aparece.
Trabajamos con:
- La soledad y el vacío que preceden al chemsex.
- La relación con el cuerpo, el deseo y la sexualidad sin sustancias.
- El miedo a la intimidad real y a la vulnerabilidad.
- Los patrones de apego que se activan en esos contextos.
- La construcción de una vida que no necesite el chemsex para tener sentido.
En algunos casos, el trabajo se hace en coordinación con otros profesionales — médicos, trabajadores sociales, grupos de apoyo específicos.

No es solo un problema de drogas
El chemsex es un síntoma. Detrás hay una persona que busca conexión, que tiene miedo, que lleva demasiado tiempo sintiéndose sola o insuficiente o invisible.
Si sientes que el chemsex está ocupando un lugar demasiado grande en tu vida, o que hay algo detrás que necesitas explorar, puedo acompañarte. Soy Navin Daswani, psicólogo y terapeuta Gestalt especializado en hombres gays en Madrid. La primera sesión es gratuita y las sesiones son confidenciales.