La sensación de desconexión: cuando todo se apaga, ¿qué aparece?
El gran apagón que dejó sin electricidad a millones de personas en España y Portugal no fue solo un corte técnico: fue un corte emocional. De pronto, sin avisar, nos vimos fuera de las pantallas, sin wifi, sin luz. Y en ese momento, para muchas personas, emergió con fuerza una sensación de desconexión más profunda: con el entorno, con los otros, y con uno mismo.
Silencio, oscuridad y emociones
En un mundo hiperconectado, el silencio se vuelve ruido. En medio de la oscuridad, pueden iluminarse emociones que normalmente evitamos. Lo que parecía solo una molestia técnica sacó a flote sentimientos como:
- Ansiedad o inseguridad: ¿cuánto durará esto?, ¿estoy a salvo?
- Abandono: la red cae… y con ella, la ilusión de compañía.
- Miedo a quedarme solo o a no ser capaz de sostenerme sin distracciones.
- Culpa por sentir alivio al desconectar, o incluso disfrute por el parón inesperado.
Estos momentos nos enfrentan con la desconexión emocional que muchas veces ya llevamos dentro, aunque quede tapada por la rutina digital.
Aislamiento o refugio: dos formas de leer el apagón
No todas las personas vivieron el apagón igual. Para algunas, fue una angustia. Para otras, un regalo. La diferencia no siempre está en el contexto, sino en cómo nos relacionamos con el silencio y con el cuerpo cuando no hay pantallas. Esta interrupción forzada puede ayudarnos a ver qué tanto necesitamos estar “en línea” para sentirnos vivos.
En la Terapia Gestalt, hablamos mucho de la importancia del aquí y ahora. Y pocas cosas nos traen tan abruptamente al presente como un corte inesperado. Sin luces ni ruido, el cuerpo se hace más presente. El cerebro reptiliano entra en alerta, el emocional busca consuelo, y el cognitivo intenta darle sentido a lo que ocurre. Una oportunidad perfecta para escuchar qué te pasa… sin filtros.
Lo que nos revela la sensación de desconexión
La sensación de desconexión no solo habla de la red eléctrica: también puede reflejar nuestra necesidad de volver a lo esencial. Algunas preguntas que pueden surgir tras una experiencia así:
- ¿De qué estaba huyendo con tanta conexión externa?
- ¿Qué me pasa cuando me quedo conmigo sin estímulos?
- ¿Cómo me trato cuando no tengo que “hacer” nada?
Volver al cuerpo, al silencio, al aquí, puede ser incómodo… pero también puede ser sanador. Esa hora sin luz puede ser la chispa que te recuerde que estás vivo incluso sin notificaciones.
Volver a conectar… desde otro lugar
Cuando volvió la electricidad, también volvió el ruido. Pero algo había cambiado. Para quienes pudieron mirar adentro, el apagón dejó un mensaje: hay una conexión interior que no depende del wifi. Y quizás, si la cultivamos más seguido, no necesitaremos un corte para recordarla.
En tu propio proceso de crecimiento, puedes explorar qué lugares internos te desconectan… y qué te ayuda a reconectar. Si este tema te remueve, o si deseas acompañamiento en tu proceso, en www.navinterapeuta.com encontrarás un espacio donde explorar desde la presencia y el cuidado.